Don Severo se marchó sin firmar nada.
Meses después, una mala inversión y varias reclamaciones de sus acreedores lo obligaron a vender parte de sus propiedades. Su poder disminuyó, aunque nunca desapareció por completo.
Magdalena no celebró su caída.
Tenía asuntos más importantes que atender.
### Capítulo 8. La mujer que nadie volvió a ridiculizar
Pasaron los años.
La Hacienda El Manantial se convirtió en uno de los principales centros de producción textil de la región. Sus contratos se extendieron a mercados lejanos y su taller llegó a emplear a decenas de trabajadores.
Magdalena construyó una escuela pequeña junto al camino y destinó parte de las ganancias a reparar el pozo del pueblo. También financió un fondo de emergencia para las familias que perdían sus cosechas o necesitaban comprar semillas.
No lo hizo porque quisiera que la consideraran una santa.