Yo observé aquella escena sin saber exactamente qué sentía.
Había tristeza.
Había alivio.
Y también una pequeña parte de mí que seguía siendo aquella muchacha de diecinueve años que había esperado, durante una noche interminable, que su madre abriera la puerta.
## La carta que Daniel había dejado para su hijo
Creí que aquella tarde ya no podía sorprenderme nada más.
Entonces Diane recordó algo.
—Hannah, espera. Hay otra cosa que debes saber.
Subió lentamente las escaleras y regresó unos minutos después con una caja de madera que yo reconocí inmediatamente.
Era la caja donde mi madre guardaba fotografías familiares, cartas antiguas y documentos importantes.
La colocó sobre la mesa.
—Tu padre me pidió que la escondiera después del accidente —dijo—. Durante años no tuve valor para abrirla.
Frank no protestó.
Mi madre levantó la tapa.