Sus padres la echaron de casa por quedar embarazada a los 19 años. Diez años después regresó con su hijo… y una sola frase destruyó a toda la familia.

Pero nuestra felicidad duró muy poco.

Tres días después, Daniel me llamó desde la fábrica.

Su voz sonaba extraña.

—Hannah, necesito que me prometas algo.

—¿Qué pasa?

—No vayas a la fábrica. No importa lo que escuches. Y, sobre todo, no le entregues a nadie la carpeta azul.

—Daniel, me estás asustando.

Hubo una pausa.

Después escuché un ruido metálico y varias voces que hablaban al fondo.

—Te amo —dijo él.

La llamada terminó.

Intenté devolverla inmediatamente, pero no respondió.

Aquella noche recibí una llamada de un número desconocido.

Una mujer me informó que había ocurrido un accidente en la fábrica.

Daniel estaba muerto.

Según la primera versión oficial, había sufrido un accidente mientras inspeccionaba una máquina industrial.

Recuerdo haberme sentado en el suelo de mi habitación, incapaz de comprender las palabras que acababa de escuchar.

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