—¿Por cuánto?
—Quinientos mil dólares.
Cerré los ojos.
Mi madre.
La mujer que había insistido durante años en que necesitaba herederos.
Había ofrecido dinero para alejar a mis propios hijos.
—¿Lo aceptaste?
Isabella negó.
—Lo rompí delante de ella.
La miré.
Una mezcla de orgullo y tristeza me llenó el pecho.
—¿Y después?
Su voz tembló.
—Me dijo que si intentaba acercarme a ti, los Moretti harían todo lo necesario para demostrar que yo no era una madre adecuada.
Me quedé inmóvil.
No porque desconociera el poder de mi familia.
Sino porque sabía exactamente cuánto miedo podía provocar una amenaza así.
—Isabella…
Ella negó lentamente.
—Estaba embarazada de cuatro bebés, Dominic. No tenía dinero suficiente, ni familia cerca, ni idea de cómo iba a sobrevivir.
Una lágrima recorrió su mejilla.
—No podía arriesgarme a perderlos.