PARTE 2: LOS CUATRO HEREDEROS

Bajé la voz.

—Por favor, Isabella. No voy a presionarte para que me expliques todo esta noche. Pero déjame conocerlos.

Ella permaneció en silencio.

Finalmente asintió.

—Una cena.

Aquellas dos palabras significaron más para mí que cualquier acuerdo millonario que hubiera firmado.

Una hora después estábamos sentados en una pequeña pizzería de Beacon Hill.

Había elegido un restaurante discreto, lejos de los establecimientos de mi familia.

Los niños hablaban sin parar.

Oliver quería saber si tenía un automóvil deportivo.

Noah me preguntó si sabía nadar.

Lucas quería conocer mi comida favorita.

Y Ethan permanecía silencioso, observándome con aquellos ojos oscuros que reconocía demasiado bien.

Durante años había escuchado a mis socios hablar de sus hijos.

De sus cumpleaños.

De sus primeros días de escuela.

De sus pequeños triunfos.

Siempre había pensado que algún día tendría algo parecido.

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