PARTE 2: EL SECRETO DE LOS VOLKOV

Pero poco a poco comenzó a guardar el teléfono.

Jugaba con Misha.

Le ayudaba con las matemáticas.

Y algunas noches se quedaba hasta el cierre, ayudándome a colocar las sillas sobre las mesas.

Nunca imaginé ver al hombre más temido de Chicago fregando una mesa.

Pero allí estaba.

Con las mangas arremangadas.

Escuchando a su hijo hablar sobre dinosaurios.

Y sonriendo como si aquel pequeño restaurante fuera el único lugar del mundo donde podía respirar.

Una noche, después de que Misha se marchara con su niñera, Mikhail permaneció conmigo.

Estábamos cerrando.

La nieve comenzaba a caer sobre las calles de Chicago.

—Elena —dijo de pronto—. Necesito contarte algo.

Lo miré.

—¿Qué ocurre?

Su expresión se volvió seria.

—North Shore Holdings pertenece a una de mis empresas.

Sentí que el corazón se me detenía.

—¿Qué?

Mikhail respiró profundamente.

—Compré el edificio.

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