Las lágrimas comenzaron a caer.
—Y yo casi pierdo a mi hija por intentar protegerla.
Sarah tomó mi mano.
—La responsabilidad de lo que ocurrió es de quienes te hicieron daño.
Guardé silencio.
Sabía que tenía razón.
Pero todavía me costaba aceptar que el hombre con quien había compartido mi vida hubiera sido capaz de semejante crueldad.
Seis meses después del ataque, llegó el día de la audiencia judicial.
Me desperté antes del amanecer.
Grace dormía en su cuna junto a mi cama.
Había ganado peso.
Sus mejillas estaban redondas.
Sus pequeños dedos se abrían y cerraban mientras soñaba.
La observé durante varios minutos.
Después me acerqué.
—Hoy vamos a dar un paso importante, mi amor.
La levanté con cuidado.
—Y pase lo que pase, tú y yo vamos a estar bien.
Me vestí lentamente.