«Gracias a la mujer que nos regaló otra oportunidad».
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
Después Sofía me entregó el sobre.
—Mi abuelo escribió esta carta antes de morir.
Miré a Patricia.
Ella negó lentamente.
—Nunca supimos qué decía.
Abrí el sobre con las manos temblorosas.
La letra era irregular, como si hubiera sido escrita por alguien que ya estaba muy enfermo.
Comencé a leer en voz alta.
«A la joven que salvó a mi nieta:
No sé tu nombre. No sé dónde vives. Y quizá nunca tenga la oportunidad de mirarte a los ojos.
Pero quiero que sepas que, desde aquella noche, cada cumpleaños de Sofía ha sido un regalo tuyo.
Cada vez que la escucho reír, pienso en ti.
Cada vez que la veo correr por el jardín, recuerdo que hubo una desconocida que arriesgó su propia vida para que ella pudiera seguir creciendo.