—Está en mi cuarto.
Y salió corriendo hacia la casa.
Mientras esperábamos, nadie sabía qué decir.
Patricia se acercó a mí.
Por primera vez desde que la conocía, parecía una mujer completamente diferente.
—Valeria…
Levanté la mirada.
—Perdóname.
Su voz era apenas un susurro.
—Durante cinco años te traté como si fueras una extraña. Te critiqué, me burlé de ti y permití que Rodrigo te faltara al respeto.
Comenzó a llorar nuevamente.
—Y resulta que tú eres la razón por la que mi nieta sigue viva.
No respondí inmediatamente.
Porque una parte de mí quería abrazarla.
Pero otra recordaba cada humillación.
Cada comentario cruel.
Cada vez que había guardado silencio para no causar problemas.
—Patricia —dije finalmente—, yo no salvé a Sofía para que algún día me agradecieran.
Ella bajó la cabeza.
—Lo sé.
—Y tampoco necesito que me traten bien porque fui campeona o porque hice algo importante hace diez años.