¡MI CUÑADO ME TIRÓ UNA CERVEZA ENCIMA FRENTE A TODA LA FAMILIA, SIN SABER QUE YO HABÍA SIDO CAMPEONA DE ARTES MARCIALES MIXTAS!

Miré inmediatamente a Marisol.

Ella tenía las manos sobre la boca.

Sofía.

Su hija.

La niña que ahora tenía quince años y que había pasado buena parte de la carne asada estudiando en una habitación.

Yo conocía a Sofía desde que me casé con Alejandro.

Era una adolescente dulce, inteligente y reservada.

Siempre me abrazaba cuando llegábamos de visita.

Me pedía consejos sobre la escuela.

Y, desde pequeña, insistía en que quería aprender defensa personal conmigo.

Pero jamás imaginé…

—No puede ser —susurré.

Marisol comenzó a llorar.

—Yo tampoco lo sabía, Valeria.

Patricia se acercó lentamente.

—Aquella noche, mi esposo llevaba a Sofía a casa. Marisol estaba trabajando y él había ido a recogerla.

Mi suegro, don Ernesto, había fallecido tres años antes de mi boda.

Yo solamente lo conocía por fotografías.

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