Sabía exactamente lo que estaba por suceder.
Marisol levantó el teléfono.
—Valeria no dejó de competir porque perdiera un campeonato.
Hizo una pausa.
—Dejó de competir porque casi murió intentando salvar a una persona.
Diez años antes, yo tenía 25 años y estaba en la cima de mi carrera deportiva.
Había ganado el campeonato nacional de artes marciales mixtas y comenzaba a recibir propuestas para competir internacionalmente.
Mi entrenador decía que tenía posibilidades reales de llegar a las ligas más importantes.
Me conocían como La Tormenta Silenciosa porque nunca provocaba a mis rivales.
No gritaba durante las conferencias.
No insultaba.
No presumía.
Simplemente entraba a la jaula y hacía mi trabajo.
Pero todo cambió una noche de noviembre.
Regresaba de un entrenamiento en Monterrey cuando presencié un accidente sobre una avenida.
Una camioneta había perdido el control y chocó contra un poste.