CORRÍ A CASA CON MIS DOS HIJOS PARA CONTARLE A MI ESPOSO QUE HABÍA HEREDADO 480 MILLONES DE PESOS… ¡PERO LO ENCONTRÉ CON SU AMANTE ECHÁNDONOS A LA CALLE!

Había sido su socia.

Ambas habían comenzado juntas una pequeña empresa de administración de inmuebles.

Mi madre se encargaba de las finanzas.

Mi tía negociaba los contratos.

Trabajaban desde una oficina diminuta y soñaban con construir algún día una gran empresa mexicana.

Cuando mi madre enfermó, vendió parte de sus inversiones para pagar tratamientos médicos.

Pero nunca renunció a su participación original en el negocio familiar.

Mi tía había conservado cuidadosamente todos los documentos.

Y entonces encontré una segunda carta.

“Mariana:

Durante toda tu vida creíste que tu madre no te había dejado nada porque gastó sus ahorros intentando recuperar su salud.

Eso no es verdad.

Tu madre fue una de las fundadoras de todo lo que hoy conoces como Grupo Altamira.

Sin ella, esta fortuna no existiría.

Yo administré y amplié nuestro patrimonio durante años.

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