Entré en el despacho.
Abrí el cajón inferior del escritorio.
Allí estaba.
Una pequeña caja de madera oscura.
Tenía una cerradura dorada y una llave pegada debajo con cinta adhesiva.
La abrí.
Dentro encontré varias fotografías antiguas, una libreta y un documento amarillento.
Tomé la primera fotografía.
En ella aparecía mi tía Elena, mucho más joven, junto a una mujer que sostenía a una bebé recién nacida.
La mujer era mi madre.
Y la bebé era yo.
Detrás de la fotografía había una frase escrita:
“El día en que prometimos que Mariana nunca estaría sola.”
Sentí un nudo en la garganta.
Abrí la libreta.
En sus primeras páginas, mi tía describía cómo había comenzado su negocio de bienes raíces.
Pero unas páginas después encontré algo inesperado.
Mi madre no había sido solamente su hermana.