Me casé con mi paciente sabiendo que solo le quedaban tres días de vida. Pero después de su funeral, su hermana se acercó a mí con una pequeña caja y me susurró:kara «Me hizo prometer que no te entregaría esto hasta después de su muerte».

Lloré por la mujer que había amado.

Por el futuro que nunca tendríamos.

Por todas las conversaciones que ya no podríamos mantener.

Y por aquella pequeña posibilidad de una vida nueva que acababa de aparecer en medio de mi dolor.

Durante los días siguientes, apenas dormí.

La prueba de embarazo y la carta me planteaban preguntas que no podía responder por mi cuenta. La enfermedad de Alicia había sido agresiva, y yo sabía que una prueba positiva no bastaba para conocer el estado del embarazo ni sus implicaciones médicas.

Además, había sido su médico.

Aquello significaba que tenía que actuar con especial cuidado, sin permitir que mi dolor me llevara a tomar decisiones precipitadas.

Hablé con los profesionales responsables de su atención, siguiendo los procedimientos adecuados para proteger su información médica, y pedí orientación sobre cómo proceder. No intenté interpretar la situación por mi cuenta ni convertirme en el médico de un posible hijo mío.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *