PARTE 2: LA FORTUNA DE LAS MENTIRAS

Samuel había ayudado a su difunto esposo con algunos asuntos patrimoniales muchos años atrás.

—Abigail, qué sorpresa —respondió—. ¿Todo está bien?

Ella respiró profundamente.

—Samuel, necesito que me ayudes a proteger algo muy importante.

—¿De qué estamos hablando?

Abigail miró el billete.

—De veinte millones de dólares.

Hubo un silencio.

—Abigail, ¿estás hablando en serio?

—Completamente.

Samuel tardó unos segundos en responder.

—Entonces no firmes nada, no entregues el boleto a nadie y no compartas más información hasta que revisemos las reglas para reclamar el premio y proteger tu identidad en la medida que permita la ley.

Abigail cerró los ojos.

—Creo que mi hijo está intentando aprovecharse de mí.

La voz de Samuel cambió.

—Ven a mi oficina mañana a primera hora. Y trae todos los documentos que tengas.

A la mañana siguiente, Abigail llegó al despacho antes de las ocho.

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