Culto, respetado y extremadamente cuidadoso con su imagen.
También era una de las personas más peligrosas que había conocido.
Al principio solo percibí pequeñas irregularidades.
Facturas de equipos que nunca llegaban.
Pedidos duplicados.
Documentos de transferencia de muestras que desaparecían del archivo.
Cuando se lo mencioné a Liang, me dijo:
—Habla con administración, cariño. Seguramente habrá una explicación.
Lo hice.
Dos semanas después me cambiaron de departamento.
Y un mes más tarde Daniel vino a buscarme.
Tenía la cara desencajada.
—Xia, necesito enseñarte algo.
Me llevó a la zona técnica del invernadero, lejos de las oficinas.
Allí me mostró un registro digital que no coincidía con las anotaciones oficiales.
El profesor Valdés había autorizado el traslado de material genético del proyecto a una empresa privada.
No era una simple colaboración científica.