TRES AÑOS DESPUÉS DEL DIVORCIO, MI EXMARIDO ME ENCONTRÓ BAJO LA LLUVIA… Y DESCUBRIÓ LA CICATRIZ QUE LE HABÍA OCULTADO

Clara sonrió.

—Liang dice que tienes el jazmín más resistente de toda la ciudad.

Solté una carcajada.

—Exagera. Casi lo mato por regarlo demasiado.

—Eso también lo contó.

Los tres reímos.

Fue una escena extraña, quizá imposible de imaginar años atrás.

Pero no resultó incómoda.

Habíamos dejado de tratarnos como personajes de una historia en la que alguien tenía que ganar y alguien tenía que perder.

Éramos simplemente personas que habían sufrido, cometido errores y seguido adelante.

Antes de marcharme, Liang se acercó.

—¿Cómo está tu mano?

Miré mi antebrazo.

—Algunos días duele. Otros apenas me acuerdo de ella.

Asintió.

—Me alegro de verte bien.

—Estoy aprendiendo.

Liang miró hacia Clara y su hija.

Después volvió a mirarme.

—Espero que seas feliz, Xia.

Durante mucho tiempo habría interpretado aquellas palabras como una despedida insoportable.

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