Los titulares ya no hablaban de una mujer infiel y de un investigador traicionado.
Hablaban de contratos irregulares, falsificación documental y un incendio que jamás debió cerrarse como un accidente.
Un día, mientras regresaba del trabajo, vi la fotografía de Daniel en la portada de un periódico digital.
Debajo se leía:
«La investigación reabre el caso del técnico fallecido mientras intentaba preservar pruebas de posibles irregularidades científicas».
Me senté en un banco.
Miré aquella imagen durante mucho tiempo.
No era una absolución completa.
No podía devolverle la vida.
Pero por fin su nombre comenzaba a recuperar lo que le habían arrebatado.
La verdad.
La disculpa que llegó demasiado tarde
Dos meses después, la universidad organizó un acto para reconocer públicamente la contribución de Daniel y corregir las declaraciones institucionales que habían perjudicado su reputación.