PARTE 2: BAJO SU PROTECCIÓN

No esperaba aquella respuesta.

—¿Por qué te importa tanto lo que me pasó?

Sus ojos se oscurecieron.

—Porque hace muchos años ignoré a una mujer que necesitaba ayuda.

No explicó nada más.

Teresa me acompañó hasta una habitación de invitados en el segundo piso.

Sobre la cama había ropa limpia, medicamentos indicados por la doctora y una bandeja con desayuno.

También encontré un sobre.

Dentro había un comprobante bancario.

Cincuenta y dos mil dólares.

La deuda médica de mi madre había sido pagada.

Me quedé mirando el documento hasta que las letras comenzaron a confundirse.

Por primera vez en cuatro años, mi madre no corría el riesgo de perder sus tratamientos por una factura impagada.

Pero aquella tranquilidad duró poco.

Al mediodía recibí una llamada.

Era mi madre.

—¡Ivy! —exclamó con voz temblorosa—. ¿Qué has hecho?

Sentí que el corazón se me aceleraba.

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