Su cliente figuraba bajo una sociedad instrumental.
Pero el contacto autorizado era Victoria.
Me quedé mirando aquella página.
Julián creía que se había casado con una mujer insignificante.
Victoria creía que podía reemplazarme.
Y ahora descubríamos que alguien había intentado obtener información sobre mi patrimonio antes de que mi identidad se hiciera pública.
—¿Crees que sabían quién era yo? —pregunté.
Mi abogado respondió:
—Todavía no podemos afirmarlo. Pero hay indicios de que alguien estaba investigando tu identidad financiera.
Aquella noche Julián apareció frente a mi residencia.
Llevaba el mismo traje de la gala.
Parecía no haber dormido.
—Clara, necesito decirte algo.
No abrí la puerta.
Hablamos a través del intercomunicador.
—Puedes comunicarte con mi abogado.
—Victoria me engañó.
Cerré los ojos.
—Tus decisiones fueron tuyas, Julián.
—No entiendes. Ella sabía cosas sobre ti.