Pero lo verdaderamente desconcertante llegó cuando Alejandro le mostró el sobre.
En él había una instrucción escrita por la anciana:
Para mi hijo. Ábrelo en mi mesa, después de comer el caldo.
Y Mariana todavía no imaginaba que aquella carta cambiaría su vida para siempre.
PARTE 2
Alejandro se sentó en la silla donde su madre había pasado tantos domingos esperando compañía.
Mariana le sirvió un caldo recién preparado y, sin preguntarle, añadió una milanesa con arroz.
—Yo no pedí esto —murmuró él.
—Su mamá tampoco lo pedía. Pero siempre le gustaba.
Alejandro probó una cucharada de caldo y permaneció inmóvil.
—Sabe como el que preparaba mi madre cuando yo era niño.
—Ella me enseñó la receta. Me dijo que usted lo adoraba.
El empresario bajó la mirada.
Cuando terminó de comer, abrió el sobre.
La carta revelaba algo que lo dejó profundamente avergonzado.