Aquella tarde, Alejandro tomó decisiones que le costaron dinero y una relación.
Primero se reunió con los abogados de su empresa.
El proyecto del hotel ya tenía inversionistas, contratos preliminares y compromisos económicos. Cancelarlo implicaba penalizaciones importantes.
Aun así, decidió conservar el edificio y renunciar al cambio de uso que habría eliminado el restaurante.
Lorena explotó cuando se enteró.
—¡Estás desperdiciando millones por una mesera y un plato de caldo!
—No es por un plato de caldo.
—¡Tu madre está manipulándote!
Alejandro la miró con una tristeza que ella nunca le había visto.
—Mi madre tuvo un derrame cerebral y tú solo te preocupaste por una operación inmobiliaria. Acusaste a una mujer inocente sin pruebas. Y yo fui lo suficientemente cobarde para seguirte.
—¿Ahora todo es culpa mía?
—No. La responsabilidad de mis palabras es completamente mía.
Lorena dejó su anillo de compromiso sobre el escritorio.