Pero aún nos quedaba tiempo para conocernos, para construir recuerdos nuevos y para aprender que la familia no se define únicamente por quién te cría, sino también por quién te dice la verdad, quién te respeta y quién sigue intentando encontrarte incluso cuando el mundo le asegura que debe rendirse.
Y, por primera vez en mi vida, dejé de preguntarme por qué no habíamos sido suficientes para Beatrice.
La pregunta correcta siempre había sido otra:
¿Por qué habíamos pasado tantos años creyendo que teníamos que ganarnos el amor de alguien que nunca quiso ofrecérnoslo libremente?
A veces, la verdad llega demasiado tarde para salvar el pasado.
Pero todavía puede cambiar el futuro.