Él la miró con los ojos enrojecidos.
—¿Por qué nadie me lo había dicho?
Mary no respondió con crueldad.
—Quizá porque usted estaba demasiado ocupado intentando solucionar el problema más visible.
Daniel miró a sus hijos.
Por primera vez en mucho tiempo, no vio a tres niños malcriados que hacían imposible la vida de sus empleados.
Vio a tres pequeños que habían perdido a su madre y que estaban aterrorizados ante la posibilidad de perder también a su padre, aunque este siguiera vivo.
Y comprendió que él también llevaba dos años huyendo.
Lo que Mary hizo a continuación
Daniel miró su reloj.
La reunión de negocios debía comenzar en cinco minutos.
Era una negociación importante. Había pasado semanas preparándola y su equipo esperaba que se conectara desde el despacho.
Su teléfono vibró.
Una vez.