Mary dejó el juguete en el suelo.
—Les propongo algo. Durante cinco minutos, no voy a intentar mandar sobre ustedes. Y ustedes no intentarán echarme. Solo hablaremos. Después, si todavía quieren que me vaya, podremos hablar de ello con su padre.
Los trillizos intercambiaron miradas.
Nunca una niñera les había ofrecido negociar.
Y, por primera vez, no sabían qué hacer.
El secreto detrás de las quince niñeras
Mary sacó de su bolso tres pequeños cuadernos de dibujo y una caja de lápices de colores.
Los dejó sobre el suelo.
—Pueden elegir uno cada uno.
—¡No queremos dibujar! —protestó Lucas.
—Está bien.
Mary guardó los cuadernos.
Los niños se miraron, sorprendidos.
—¿No vas a obligarnos? —preguntó Ethan, el segundo trillizo.
—No. No tengo que obligarlos a hacer algo que no es peligroso. Pero tampoco voy a permitir que me lancen objetos o que lastimen a alguien.