Dos veces.
Tres veces.
Mary no le pidió que cancelara la reunión.
Simplemente se quedó junto a los niños, esperando.
Daniel observó a sus hijos sentados en el suelo. Lucas había empezado a recoger los lápices. Ethan sostenía uno de los cuadernos. Oliver se había acercado discretamente a Mary.
Entonces hizo algo que sus empleados no habían visto en años.
Apagó el teléfono.
—Voy a cancelar la reunión —dijo.
Mary levantó la mirada.
—No tiene que hacerlo por mí.
—No lo hago por usted.
Daniel se arrodilló frente a sus hijos.
—Lo hago por ellos. Y porque llevo demasiado tiempo aplazando algo que no puede esperar.
Lucas lo miró con desconfianza.
—¿No te vas a ir a trabajar?
Daniel tragó saliva.
—Hoy no.
—¿Y mañana?
La pregunta le rompió el corazón.
—Mañana también voy a estar aquí por la mañana. Y después de trabajar, volveré a casa a tiempo para cenar con ustedes.