EL NUEVO DIRECTOR ME DEGRADÓ EL PRIMER DÍA… Y ESA MISMA NOCHE APARECIÓ EN MI CASA COMO MI CITA A CIEGAS

Mi padre preparó pescado agridulce, naturalmente.

Adrián se presentó con una bolsa de fruta y un ramo de flores.

—Para usted, don Manuel —dijo, entregándole la fruta.

Después se volvió hacia mí.

—Y estas son para Valeria.

Mi padre sonrió de oreja a oreja.

—Muy bien, muchacho. Ya vas aprendiendo.

Yo tomé las flores.

—¿Otra vez has venido a pelar ajos?

Adrián se quitó la chaqueta y se remangó.

—Si tu padre necesita ayuda…

—Necesito que ambos pongáis la mesa —interrumpió mi padre—. Y que esta vez nadie discuta de trabajo antes del postre.

Nos miramos y sonreímos.

Durante la cena, mi padre me preguntó si estaba contenta de haber recuperado mi puesto.

Pensé unos segundos antes de responder.

—Sí. Pero ahora sé que mi puesto no es lo más importante.

—¿Entonces qué lo es?

Miré la fotografía de mi madre, colocada en una repisa junto a la ventana.

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