EL NUEVO DIRECTOR ME DEGRADÓ EL PRIMER DÍA… Y ESA MISMA NOCHE APARECIÓ EN MI CASA COMO MI CITA A CIEGAS

No llevaba bata.

Tenía el rostro pálido y los ojos enrojecidos.

Se detuvo delante de mi mostrador.

—Necesito hablar contigo.

—Puedes hacerlo aquí.

Miró a su alrededor.

—Por favor.

La acompañé a una sala de reuniones abierta al pasillo. Dejé la puerta entreabierta.

Clara se sentó y se frotó las manos.

—Van a suspenderme.

No respondí.

—Vidal dice que todo fue idea mía.

—¿Qué fue idea tuya?

Me miró con desesperación.

—Las autorizaciones. Las firmas. Las compras.

Sentí frío.

—¿Utilizaste mi tarjeta?

Clara empezó a llorar.

—Sí.

La palabra quedó suspendida entre nosotras.

Durante cuatro años había soportado sus comentarios, sus insinuaciones y sus intentos de desacreditarme.

Había imaginado muchas veces que algún día me confesaría su resentimiento.

Pero nunca había esperado aquello.

—¿Por qué?

—Vidal me prometió la jefatura. Dijo que tú siempre estarías por encima de mí mientras siguieras en el servicio.

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