—¡Podríais habérmelo dicho!
—Adrián pidió que no interfiriéramos en su trabajo. Y yo pensé que, si os conocíais fuera del hospital, quizá…
—¿Quizá qué, papá? ¿Que todo se arreglaría cenando pescado?
Mi padre no contestó.
Me arrepentí del tono inmediatamente.
Pero estaba demasiado confundida.
Cogí mi chaqueta y salí.
4. La caja de Tomás Lozano
Encontré a Adrián en el aparcamiento del hospital.
Acababa de terminar una reunión.
Cuando me vio, comprendió que algo había cambiado.
—Mi padre me lo ha contado.
Adrián abrió la puerta de su coche, pero no entró.
—Entonces ya sabe quién era Tomás Lozano.
—Sé que usted ha llegado aquí con una historia que empezó antes de que yo naciera.
—Es cierto.
—Y quiero conocerla completa.
Nos sentamos en una cafetería casi vacía.
Adrián pidió dos cafés.
Después colocó sobre la mesa una carpeta antigua.