Lo abrí con dedos temblorosos.
La carta decía:
«Mamá:
Si estás leyendo esto, significa que no he conseguido llegar antes de tu cumpleaños.
Lo siento.
Sé cuánto significa para ti tenernos a todos alrededor de la mesa. Sé que llevas semanas preparando esta noche y que probablemente hayas hecho la tarta de manzana de Sarah.
No te mereces lo que está pasando.
Hace unos meses descubrí que algunos de mis hermanos estaban hablando de vender tu casa y repartir el dinero entre ellos. Al principio pensé que era una conversación absurda. Después encontré mensajes que me hicieron comprender que el asunto era mucho más serio.
Lo peor no fue descubrir que querían el dinero.
Lo peor fue leer cómo hablaban de ti.
Decían que estabas sola, que no necesitabas una casa tan grande y que, si te convencían de mudarte, todo sería más sencillo.