Las investigaciones revelaron lo que mi madre había contado: Thomas había sido víctima de una conspiración organizada por varios miembros del consejo directivo. Habían robado enormes cantidades de dinero y necesitaban un culpable al que responsabilizar de sus delitos.
Mi padre había actuado basándose en mentiras y pruebas manipuladas.
Cuando finalmente comprendió su error, ya era demasiado tarde para salvar a Thomas.
Ordené que se rehabilitara oficialmente su nombre, que se restituyeran a su familia todos los bienes confiscados injustamente y que Clara recibiera una indemnización suficiente para garantizarle una vida digna y segura.
Cuando le entregué los documentos que demostraban la inocencia de su padre, Clara permaneció en silencio durante un largo rato.
Pasó los dedos por las páginas, leyendo una y otra vez las palabras que llevaban tantos años esperando.
Finalmente, levantó la mirada.
Por primera vez desde nuestro encuentro, sonrió de verdad.