Anna miró otra vez el libro para colorear.
Después miró a su hija.
La pregunta que temia era inevitable.
Si Dante quería saber qué había tocado Sophie, no bastaría con decir que la niña se había equivocado.
Tendría que escuchar su descripción.
Quizás incluso podría ver un dibujo.
Y si aquel dibujo mostraba una forma que alguien reconociera, la situación podía volverse mucho más complicada.
Dante observó a Sophie durante unos segundos.
La niña parecía esperar que él hiciera alguna pregunta.
Anna sintió el corazón golpeándole con fuerza.
Afuera continuaba lloviendo.
Dentro de la biblioteca, el silencio era casi absoluto.
Finalmente Dante abrió la boca.
Y Anna comprendió que estaban a punto de descubrir si lo que Sophie había visto era simplemente una extraña cicatriz o el comienzo de una verdad que nadie había querido explicar.