Era quien había transmitido a muchos empleados la información acerca del fragmento que los cirujanos habían dejado cerca de la columna cervical.
Anna nunca había tenido razones para cuestionarlo.
No le correspondería hacerlo.
Su trabajo era mantener limpia la casa y cumplir las instrucciones.
Pero aquella tarde una niña de cinco años había visto algo que los adultos habían pasado por alto, o que al menos nadie había considerado necesario describir de aquella forma.
Quizás Sophie se equivocaba.
Quizás la lesión tenía una apariencia extraña que podía explicarse perfectamente por la explosión.
Pero también existía una posibilidad de que Anna no quisiera contemplar.
¿Y si aquella forma no fuera lo que todos creían?
Dante había pasado tres años con dolores de cabeza que no terminaban de desaparecer.
Había sufrido lagunas de memoria.