La Niña Tocó La Nuca Del Mafioso Y Su Consejero Perdió La Calma-aurelle

—Me estaba mirando.

Anna quedó inmóvil.

Durante un instante no supo qué responder.

Miró hacia Dante.

Seguía respirando lentamente.

Su cabeza permanecía apoyada sobre el cojín.

El libro de cuentas continuaba sobre su pecho.

La lluvia deslizaba líneas pequeñas irregulares por los cristales de las ventanas.

Todo parecía exactamente igual que unos minutos antes.

Y, sin embargo, Anna sintió que la habitación había cambiado.

Intentó recordar lo que sabía de la herida.

Tres años atrás había ocurrido una explosión.

Los cirujanos habían retirado varios fragmentos.

Uno había quedado cerca de la columna porque extraerlo resultaba demasiado peligroso.

Eso era lo que Victor Hale había explicado.

Un fragmento.

Una herida.

Una cicatriz.

Nada más.

Pero Sophie acababa de describir una forma ovalada con pequeñas patas.

Y había dicho que parecía estar mirándola.

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