ME CASÉ CON UN HOMBRE DIEZ AÑOS MAYOR QUE YO… PERO EN NUESTRA NOCHE DE BODAS ME DI CUENTA DE QUE SU CORAZÓN ESCONDÍA UN SECRETO

Me reí entre lágrimas.

—Es precioso.

Yuanci se inclinó hacia nosotros.

—Sí —respondió con la voz quebrada—. Es precioso.

El niño abrió la boca y volvió a llorar.

Yuanci le acarició un pie diminuto.

—Bienvenido, hijo.

Lo miré.

No había obligación en sus ojos.

Ni lástima.

Ni la sombra de un acuerdo económico.

Solo amor.

Un amor inmenso, tembloroso, todavía asombrado por su propia existencia.

—Yuanci…

Se volvió hacia mí.

—¿Qué ocurre?

—Quiero que se llame Cheng An.

Habíamos hablado mucho de nombres, pero todavía no habíamos elegido ninguno.

An significaba paz.

Paz para nuestro hijo.

Paz para una familia que había sufrido demasiado.

Yuanci emocionando entre lágrimas.

—Cheng An —repitió—. Me encanta.

Tres meses después del nacimiento, nuestra historia dio un último giro.

Una noche, mientras acostaba al bebé, encontré sobre mi almohada la pequeña caja azul.

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