tenía vello visible en el rostro y las cejas unidas, pero me negaba a cambiar mi apariencia. Todo el salón estalló en carcajadas cuando mi esposo mostró fotografías ampliadas de mi rostro en una pantalla gigante y gritó: «¡MIREN A ESTE MONSTRUO! ¡ME AVERGÜENZA QUE SEA MI ESPOSA!». Pero tres meses después, cuando me vio en televisión, cayó de rodillas, suplicándome que no revelara su terrible secreto…

Las cámaras enfocaron mi rostro.

Respiré profundamente y comencé a hablar.

—Durante mucho tiempo creí que tenía que disculparme por mi apariencia. Mi esposo me hizo sentir que mi rostro era una vergüenza. Pero hoy he comprendido que la vergüenza no me pertenecía a mí.

El público permaneció en silencio.

Entonces la presentadora abrió la carpeta.

—Durante nuestra investigación, encontramos documentos relacionados con la empresa en la que trabaja Daniel. Estos documentos plantean serias preguntas sobre su conducta profesional y sobre la verdadera razón por la que necesitaba proteger su imagen pública.

Sentí que me temblaban las manos.

La presentadora continuó:

—Según los documentos que hemos podido verificar, Daniel habría presentado información financiera falsa para conseguir un ascenso y habría utilizado una identidad profesional engañosa ante sus superiores. Además, existen indicios de que intentó atribuir a otra persona irregularidades que podrían estar relacionadas con su propia gestión.

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