PARTE 2: EL SECRETO DEL SILENCIO

Por primera vez comprendí cuánto poder le había entregado.


Aquella tarde lo invité a mi despacho.

Edward llegó sonriendo.

—Vincent, me dijeron que querías verme.

Me quedé inmóvil detrás del escritorio.

—Siéntate, tío.

Su sonrisa desapareció.

—¿Acabas de hablar?

Asentí.

—Y también puedo escucharte.

Edward retrocedió.

Sus ojos se dirigieron inmediatamente hacia mis orejas.

Aquella reacción me confirmó que debía seguir investigando.

—¿Qué ocurre? —pregunté.

—Es un milagro.

—Quizá.

Coloqué la antigua autorización médica sobre la mesa.

—¿Por qué aparece tu nombre aquí?

Edward miró el documento.

—Tu padre me pidió que ayudara con tus tratamientos.

—¿Y por qué no encuentro los resultados de aquellos procedimientos?

No respondió.

Entonces le mostré la carta de mi madre.

Su rostro se transformó.

—¿Dónde encontraste eso?

—Ella la guardó para mí.

Edward cerró los ojos.

—Vincent, hay cosas que no entiendes.

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