Se dio la media vuelta sobre sus tacones y caminó a paso veloz hacia la reja, pidiendo un taxi por el celular sin volver a mirarlo.
Luca se quedó solo en la banqueta, rodeado de cuatro cajas de cartón, con la camisa arrugada y la mirada clavada en el suelo, completamente derrotado.
—Jessi, por favor… —suplicó en un susurro patético cuando me di la vuelta para entrar.
—Tienes quince minutos, Luca. Si cuando vuelva a abrir esa puerta sigues aquí, los oficiales de policía que están en la esquina te van a remitir directamente al Ministerio Público por allanamiento y fraude.
Entré a la casa y cerré la puerta con doble llave.
EPÍLOGO: Dueña de mi destino
Seis meses después, la resolución judicial fue definitiva.
Luca no solo perdió cualquier derecho sobre la residencia y los bienes del fideicomiso, sino que fue vinculado a proceso por administración fraudulenta y desvío de recursos. Para no pisar el reclusorio, tuvo que firmar un convenio donde cedió todas sus acciones minoritarias y aceptó una pensión alimenticia fija descontada directamente de sus nuevos ingresos como empleado en una refaccionaria foránea.