Mi soledad había sido parte de la oportunidad que él creyó haber encontrado.
Y esa fue la parte que más me dolió.
No porque yo me avergonzara de haber estado sola, sino porque él había visto mi deseo de compañía como algo que podía explotar.
Una semana después, recibí otra llamada.
Era la mujer que me había telefoneado inicialmente, la que me había gritado que mi fotografía estaba en aquella página.
Esta vez su voz era diferente.
—Emily, quería pedirte disculpas.
Me quedé en silencio.
—Cuando vi la página, pensé que tú sabías lo que estaba pasando. Mi marido había enviado dinero y me sentí humillada. Estaba furiosa y descargué mi rabia contigo sin conocer la verdad.
Respiró profundamente.
—Después encontré mensajes en los que tu supuesto perfil pedía dinero para una emergencia familiar. Comprendí que quizá también te estaban engañando a ti.