PARTE 2 — LA ÚLTIMA PROMESA

Elena comenzó a llorar.

Yo apreté el teléfono contra mi pecho.

—Mi niña tenía miedo y yo no estaba allí.

Tres días después, el general Ramírez recibió personalmente aquella grabación.

La investigación tomó un rumbo todavía más serio.

Viviana fue citada nuevamente para declarar.

Y Adrián descubrió que sus propias palabras, pronunciadas durante el funeral, podían convertirse en pruebas relevantes.

Pero lo que nadie esperaba ocurrió aquella misma tarde.

Un mecánico militar solicitó hablar con los investigadores.

Aseguró haber revisado la camioneta de Adrián horas antes del accidente.

—Encontré una anomalía en el sistema de frenos —declaró—. Informé que el vehículo necesitaba una inspección antes de volver a circular.

El investigador frunció el ceño.

—¿Quién recibió el informe?

El mecánico bajó la mirada.

—El despacho del coronel Montenegro.

Cuando Elena me llamó para contarme aquello, sentí que el suelo desaparecía bajo mis pies.

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