—Coronel Montenegro, ha utilizado recursos oficiales para localizar a una persona adulta que no está desaparecida contra su voluntad.
—Es mi esposa, general.
—Eso no le concede derecho a perseguirla.
Adrián permaneció en silencio.
—Queda apartado temporalmente de sus funciones mientras se investiga su conducta.
Por primera vez, el hombre que había dirigido operaciones imposibles no pudo dar una sola orden.
Mientras tanto, a cientos de kilómetros, Clara despertaba en una pequeña casa junto al mar.
Había llegado allí con ayuda de Elena.
Cada mañana colocaba la urna de Sofía junto a la ventana y le hablaba como si su niña todavía pudiera escucharla.
—Buenos días, mi amor. Hoy el cielo está precioso.
Después abrazaba su conejo de peluche.
A veces lloraba durante horas.
Otras veces conseguía caminar hasta la playa.
No estaba sanando todavía.
Apenas estaba aprendiendo a sobrevivir.