—Está cometiendo un error, inspectora.
Lo miré fijamente.
—No. El error fue creer que una firma falsificada podía convertir una mentira en una verdad.
Cuando salió, mi teléfono vibró.
Era mi compañera.
Había encontrado una anomalía en el expediente del accidente de Daniel.
El informe toxicológico que supuestamente había acompañado la investigación no aparecía en el archivo original del laboratorio.
En su lugar había una referencia a una muestra recibida, registrada y posteriormente anulada.
Y había algo más.
El vehículo había sido asegurado por una empresa vinculada a una sociedad mercantil cuya administradora era Claudia.
Me senté lentamente.
Mi hermano no solo podía haber sobrevivido.
Alguien había tenido acceso a recursos suficientes para hacer desaparecer pruebas y mantener una historia falsa durante tres años.
Y mi padre había vivido todo ese tiempo bajo el mismo techo que las personas que conocían el secreto.