Finalmente, cuando le mostraron una copia de la fotografía recuperada del depósito, empezó a llorar.
—No entiendes lo que ha hecho tu hermano —dijo.
—Entonces explícalo.
—Daniel no murió en aquel accidente. Lo organizó todo para desaparecer.
Sentí que la habitación se inclinaba.
—¿Por qué?
—Tenía deudas. Muchas. Había utilizado empresas de tu padre para mover dinero sin que él lo supiera. Cuando papá descubrió las irregularidades, Daniel fingió su muerte para evitar que lo encontraran.
—¿Y tú lo ayudaste?
Claudia bajó la cabeza.
—Al principio solo tenía que guardar unos documentos. Después me pidió que convenciera a tu padre de firmar unos poderes. Dijo que era temporal, que recuperarían el dinero y que nadie saldría perjudicado.
—Pero papá se negó.
—Sí.
—¿Y entonces empezasteis a encerrarlo?
Claudia se cubrió la cara.
No respondió inmediatamente.
—Daniel decía que tu padre estaba poniendo en peligro a toda la familia. Que si hablaba, todos acabaríamos en prisión.