PARTE 2 — EL SECRETO DEL ARROZ

Ella.

Marco.

Y Elena.

Lentamente, ambos miraron a la contadora.

Elena retrocedió.

—Yo no le dije nada.

Pero su expresión revelaba que estaba ocultando algo.

Aquella noche Elena llamó a María llorando.

—Señora, necesito confesarle algo.

—Habla, hija.

—Ricardo Mendoza es mi hermano.

María se quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Entré a trabajar en la empresa porque quería descubrir lo que estaba haciendo. Pero cuando encontré las pruebas, ya era demasiado tarde.

—¿Demasiado tarde para qué?

Elena respiró profundamente.

—Para impedir que Patricia preparara otro documento.

A la mañana siguiente, Elena llegó con una carpeta.

Dentro había una solicitud para vender una propiedad.

María reconoció inmediatamente la dirección.

Era su pequeña casa.

La misma donde había vivido durante cuarenta años.

La misma que su difunto esposo había construido con sus propias manos.

—Esto es imposible —susurró—. Mi casa no pertenece a Marco.

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