Ella lo miró sin comprender.
—¿Cuánto valen?
El hombre revisó las cifras.
Después levantó lentamente la mirada.
—Mucho más de lo que imagina.
Pero antes de que pudiera explicar nada, Marco llamó.
Su voz sonaba desesperada.
—¡Mamá, no regreses a casa!
María se levantó bruscamente.
—¿Qué ocurre?
—Patricia descubrió que fuiste al banco.
—¿Y qué?
Marco comenzó a llorar.
—Encontró los documentos de papá.
María sintió un escalofrío.
—¿Cómo?
Su hijo respiró agitadamente.
—Porque ella ya sabía que existían.
Entonces se escuchó un ruido al otro lado del teléfono.
La voz de Patricia apareció de repente.
—Señora María, parece que finalmente encontró lo que su esposo escondió durante tantos años.
María apretó el teléfono.
—No vas a quitarme mi casa ni destruir a mi hijo.
Patricia soltó una carcajada.
—¿Su casa? ¿La tienda? Usted todavía no entiende nada.