Era una protección destinada a impedir que cualquiera de nosotros pudiera comprar, presionar o controlar su futuro mediante el dinero.
Y esa era precisamente la razón por la que Harrison no podía disponer de él como había esperado.
Las semanas siguientes fueron difíciles.
Tyler permaneció temporalmente en Londres mientras los abogados y las autoridades correspondientes revisaban las circunstancias del traslado. Su bienestar seguía siendo la prioridad, y ninguna decisión podía basarse únicamente en la disputa financiera.
Durante las conversaciones supervisadas, Tyler pudo explicar lo que había sentido durante el juicio. Habló de la presión que había experimentado, de las promesas que había recibido y de su temor a que su padre descubriera que había buscado asesoramiento independiente.
También explicó que me quería y que no había deseado romper nuestra relación.
No fue necesario que acusara a Harrison de un delito ni que demostrara que cada una de sus sospechas era correcta. Bastaba con que los adultos escucharan su experiencia y examinaran cuidadosamente las circunstancias.