Pero yo encontré algo más.
Hay una cláusula en el fideicomiso. Si papá intenta obtener el control de los fondos utilizando mi custodia o mi traslado al extranjero, el administrador debe revisar la situación y proteger los activos.
No entendí todo lo que leí. Por eso hablé con la abogada del abuelo y le pedí ayuda.
Ella me explicó que nadie puede obligarme a firmar nada por el simple hecho de ser mi padre. También me dijo que tenía que contar la verdad, pero que debía hacerlo de forma segura.
Así que le dije al juez que quería irme con papá.
Las lágrimas empezaron a caer sobre el papel.
Mi hijo había pronunciado aquellas palabras terribles, aquellas palabras que yo había repetido en mi cabeza durante siete noches, no porque hubiera dejado de quererme, sino porque estaba intentando averiguar qué planeaba hacer su padre.