—He dedicado mi vida entera a ti. Cuando eras pequeño, renuncié a tantas cosas para que no te faltara nada…
David se sentó frente a ella.
—Lo sé. Y siempre te estaré agradecido por eso. Pero no puedo permitir que uses lo que hiciste por mí cuando era niño para decidir todo lo que debo hacer ahora que soy adulto.
Por un instante, Evelyn pareció verdaderamente herida.
Quizá aquella era la primera vez que su hijo establecía un límite que no podía derribar con lágrimas o reproches.
—Entonces, ¿vas a abandonarme por tu esposa? —preguntó.
David tardó en contestar.
—No. Voy a dejar de confundir ayudarte con entregarte el control de mi vida.
Yo permanecí en silencio.
No necesitaba intervenir. Aquella conversación debía producirse entre ellos, sin que Evelyn pudiera convertirla en otra disputa entre su hijo y su nuera.
Finalmente, David le pidió los recibos de la compra y toda la documentación relacionada con las transferencias. También le explicó que no firmaría la hipoteca ni enviaría más dinero hasta aclarar las condiciones de la operación.