Mi Suegra Se Quedó Con Sukara Sueldo, Pero No Sabía De Quién Era La Casa-aurelle

David llegó a casa aquella tarde con una carpeta bajo el brazo.

No se quitó siquiera la chaqueta.

—Tenemos que hablar de algo más.

Dejé el libro que estaba leyendo.

—Adelante.

Puso la carpeta sobre la mesa del salón.

Dentro había extractos bancarios, recibos y varias hojas impresas.

—He revisado los movimientos de mi cuenta de los últimos meses —dijo—. Quería comprobar cuánto dinero le había dado a mi madre y cuánto había gastado realmente.

Me senté frente a él.

—¿Y qué has descubierto?

Se frotó la frente.

—Que no sé dónde ha ido una parte del dinero.

No respondí.

David sacó una hoja y la puso delante de mí.

Había transferencias periódicas, retiradas en efectivo y varios pagos que él no recordaba haber autorizado personalmente.

—Mi madre me pedía dinero para sus gastos. Yo se lo enviaba. A veces me decía que necesitaba pagar el seguro, otras veces que tenía que arreglar algo de la casa. Nunca pensé que tuviera que comprobar cada recibo.

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