Haz con ella lo que quieras.
Si decides venderla, véndela.
Si decides construir una casa, constrúyela.
Y si decides no volver nunca al pueblo, no vuelvas.
Por una vez, quiero que la última palabra sobre tu vida sea tuya.
Stoyanka».
Me quedé sentado frente al abogado durante mucho tiempo.
No sentí alegría.
Tampoco sentí una necesidad inmediata de perdonarla.
Sentí algo más difícil de explicar.
La certeza de que una historia puede contener crueldad y ternura al mismo tiempo, sin que una anule la otra.
Stoyanka había participado en una decisión injusta.
Me había retenido durante años.
Pero, al final, había intentado devolverme algo que nunca debió quitarme.
No podía cambiar el pasado.
Pero yo todavía podía decidir qué hacer con el futuro.
## La tierra que dejó de ser una prisión
Vendí una parte de la parcela y utilicé el dinero para comprar una pequeña casa en las afueras de Plovdiv.